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El pueblo yagán o yamana fue canoero y habitaban originalmente en el sector circundante a los canales y costas sudoccidentales de Tierra del Fuego, entre el Canal Beagle y el Cabo de Hornos, recorriendo además otros lugares en sus desplazamientos como el canal Murria, las islas que enfrentan el Atlántico y el archipiélago del Cabo de Hornos.
Dentro del territorio yagán se distinguían parcialidades sobre la base de diferencias dialectales y pugnas ocasionales debidas al aprovechamiento de sectores fronterizos. Estos eran: wakimaala , gente de las orillas del Beagle; utumaala , canoeros al oriente de Puerto Williams, isla Gable y Picton, Lennox y Nueva; inalumaala , cazadores al occidente del Canal Beagle, entre punta Divide y Brecknock; ilalumaala , sector sudoccidental, entre la bahía Cook y el Falso Cabo de Hornos.
El pueblo yagán pasaba gran parte del tiempo en el mar, en cierta forma su vivienda era la canoa de corteza, frágil, liviana y ligera.
Vivían semidesnudos, adaptando sus cuerpos a las condiciones ambientales, se cubrían el cuerpo con grasa de lobo marino para soportar las bajas temperaturas y con pieles para protegerse del viento. Como complemento las mujeres usaban collares de huesos o caracoles y pulseras de cuero.
Los grupos familiares coexistían e interactuaban constituyendo partidas de caza no muy numerosas, facilitándoles el desplazamiento y abastecimiento de alimentos. Los hombres se dedicaban a las actividades de caza de animales marinos como lobos, nutrias, ballenas; mientras las mujeres contribuían a la construcción de las viviendas, el cuidado del fuego, preparación de los alimentos, abastecimiento de agua dulce y recolección de mariscos. La norma elemental de su convivencia era la reciprocidad y redistribución, lo que permitía relaciones de horizontalidad y una mínima jerarquización.
Cotidianamente recorrían sus territorios tradicionales de caza y recolección, aprovechando los recursos y vigilando la violación de su propiedad por otras parcialidades. Fuera de ese dominio grupal se reconocía la propiedad común sobre los edificios ceremoniales del Iaxaus y el kina .
La principal arma de caza era el arpón, que medía casi tres metros de largo. En el extremo superior se le adosaba una punta de hueso de pescado dentada por uno o ambos lados.
Más restringida era la propiedad familiar, que incluía los bienes de uso ordinario (toldo, canoa, pieles y alimentos). La propiedad individual del cazador incluía sus armas, mujeres, cestos, adornos, niños y juguetes. Las transgresiones a estas formas de dominio eran castigadas con severidad.
El iaxau era una ceremonia de iniciación que tenía por objetivo ingresar a los jóvenes, hombres y mujeres a la vida adulta. Una vez logrado eran sometidos a un proceso de instrucción en trabajos manuales, construcción de armas, utensilios y técnicas de caza.
Su cultura, al igual que la de los kawésqar, era la de los nómades del mar dedicados a la pesca y caza marina.
Las mujeres yagan eran eximias fabricantes de cestería, para lo cual usaban juncos que entrelazaban hábilmente. También se dedicaban a la recolección de moluscos. Además, eran las que remaban mientras los hombres se dedicaban a la pesca.
Las mujeres se pintaban el rostro con tres colores: blanco, alrededor de los ojos, y el resto de la cara con líneas horizontales rojas y negras.
Los yaganes tenían ritos de iniciación similares a los de los kawésqar y chonos. Estos rituales se efectuaban cuando se juntaba un grupo significativo de jóvenes en edad de pasar a la adolescencia, y cuando había un excedente de alimentos suficiente como para interrumpir la búsqueda constante de sustento, propia de los pueblos nómades.
Tanto los alacalufes como los yaganes creían en la existencia de un ser supremo invisible. Este ser se encontraba más allá de las estrellas y estas eran sus ojos, a través de los cuales miraba todo lo que acontecía en la Tierra. Creían en una vida extraterrenal. |